lunes, 15 de abril de 2013

Se cargan el Bono Cultura...


En los últimos tiempos la cultura se está viendo castigada de diversas maneras. Con el gobierno de Patxi López, se llevó a cabo el Bono Cultura que tan bien fue recibido por parte de la ciudadanía, y en el proyecto de Presupuesto del Departamento de Educación, Política Lingüística y Cultura no se recoge ninguna partida específica para el Bono Cultura, por el desinterés del Gobierno Actual.

Éxito de demanda
Este programa, creado la pasada legislatura, ha tenido una gran aceptación ciudadana y en el sector cultural. Se forman colas en los cajeros de las cajas para comprar los bonos en cuanto se ponen a la venta. Es difícil encontrar una actuación del gobierno que haya sido tan aplaudida y sobre la que se perciba una aceptación tan generalizada.

Eficacia y multiplicación del uso de los fondos públicos El bono cultura tiene un efecto multiplicador muy eficaz de los fondos públicos. El pasado ejercicio, porque cada euro público empleado generó un consumo de 2,6 euros, lo que supuso que los 600.000€ que la Administración ofreció implicaron compras por valor de 1,56 millones de euros en productos culturales, además del efecto inducido de consumo.
Esto hace que en una época de disminución del consumo, más aún de productos culturales, aumente la actividad comercial de un sector que está atravesando una crisis muy profunda.

Induce consumo

En general, los establecimientos confirman que, gracias al bono, el consumo se reactiva y sus ventas crecen en torno al 20%-25%, con respecto a la misma fecha de otros años sin él, por el uso del bono y porque anima a comprar algo más.

Incentivación del consumo cultural

Ese aumento del consumo cultural estimulado por el Bono Cultura supone mantener a muchas personas en el disfrute cultural (teatro, literatura, cine, …) del que se alejan sin esa ayuda debido a los efectos de la crisis económica.

Impulso a la pluralidad de la oferta
Más aún que en otros sectores, la desaparición del librero de barrio, del programador local o de la tienda de discos, y su sustitución por las grandes estructuras comerciales o de programación, conducen a un empobrecimiento y repetición de la oferta. Sin librero de la esquina no hay más libro que el best-seller.


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