Muestras de este ejemplo son la Torre de Martiartu, donde el edificio (quizás el más importante históricamente hablando, junto con la Iglesia de Santa María) está en ruinas, sin cuidar, sin tejado, con las paredes humedecidas y dejadas de la mano de Dios, rodeado por un pedregal que no está ni adecentado, al contrario que la ermita y la zona de arrastre de bueyes adyacentes que contrastan claramente.
Pero no sólo es la Torre de Martiartu, otra muestra de la dejadez en cuanto a conservación de nuestro patrimonio, es el estado del lavadero de Tartanga, de principios de siglo XX, en cuyos canales de agua de los costados podemos encontrar pelucas, ladrillos, plasticos, basura en definitiva. Además le falta la placa que hace algún tiempo se puso en la entrada del mismo...



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